Frente al vampiro.

La voz que emergió de la penumbra retumbó más en la memoria de Alyana que en las paredes de esa habitación. El siseo de una sola palabra tan cargado de decepción como rencor ácido.

--¡Tú!

El dolor que la batalla ocurrida en los segundos que duró cruzando el portal a esa nueva trampa no detuvo a la loba. Sabía que el adversario había sacrificado mucho más que la luz del Sol, una sola muestra de debilidad y sería su perdición.

--- Me alegra desilusionarte. Un cobarde como tú no merece los adversarios que cree.

--- Como tú tampoco mereces la compañía que tenías. --- La figura se movió todavía amparada por las sombras, apenas distinguible entre los distintos tonos de negro. --- Se que peleaste con Yehon y ahora él no va escucharte, que eres una proscrita para la Biblioteca y que tu traición viene de que te abandonaron. ¿Qué sientes, aquí, sola frente a lo inevitable?

--- Satisfacción.

--- ¿Satisfacción? No encuentro motivo alguno para que pretendas mentirme así. --- Rió el vampiro sin mostrarse aún.

Alyana se esforzaba por no perder de vista su objetivo. Ser la primera en acercarse expondría su garra herida y su plan, le quitaría los pocos segundos de ventaja que necesitaba para poder eliminar a su contrincante.

--- No te miento. ¡Pobre diablo! Estoy satisfecha. Han sido muchas noches acechando a tus peones, protegiendo a los inocentes que podía. Cumplo hoy una promesa. Es mucho más de lo que puedes decir.

--- Eso no impedirá que se cumpla lo que a quien sirvo planea. Sabes bien que hasta ellos le sirven.

--- Sirven sus propios intereses.

--- Donde tú ya no estás.

El vampiro lo sintió. Esa vibración al tensarse los músculos del cuello, el pulso alterado, el roce de los colmillos al apretar la mandíbula. Ella sufrió con sus palabras y eso era uno de los mayores placeres que le quedaban. Tenía que reconocer que tratándose de ella ese gozo era algo esperando mucho tiempo atrás. Se lamió los labios con anticipación. La tenía y esta vez ella no contaba con socorro alguno. Podía jugar con sus emociones, gastarla antes de tomar su sangre, su energía vital y convertirla en una herramienta más, en presa legítima de quienes ella hasta esa noche llamara amigos.

--- Eso es irrelevante esta noche. --- Alyana respondió sin que la voz delatara lo que segundos antes el vampiro sintió.

Él sabía que había dado un fuerte golpe a la seguridad de la extraña. Y sin embargo ella seguía enfrentándolo con arrogancia.

--- Eres la ruina de quien pudo ser un adversario. Te escondes aquí, atesorando la sensación del secreto de tu nostalgia. Tomas a guerreros confiados en que están sirviendo a la causa que buscan, leales y tan inocentes que entran por su propia voluntad a una jaula donde no son un peligro para ti. Te arrastras en las sombras para tomar sus vidas sin atreverte a verles directo a los ojos mientras agonizan. Puede que esté sola. Pero si llego a volver a ver a quienes extraño, podré hacerlo con la certeza de haber luchado mis propias batallas.

--- No volverás a verlos. Te abandonaron. Jamás llegarás a sus capacidades y les estorbas.
Alyana sonrió. --- La misma técnica dos veces seguidas no sirve.
Fue el turno del vampiro para tensarse. Ella tenía razón. En lugar de sentir mayor pena lucía más calmada, insistir fue un error, delató su asombro de tenerla ahí y la centró. Era momento de cambiar de estrategia.

--- No me has preguntado por qué hago lo que hago.

--- ¿Por qué esclavizaste a tu propia familia como escudo?

---¡Yo no! . . .

--- ¡Lo hiciste cobarde! --- Mientras hablaba, Alyana separó la mano de su pierna y la luz de la daga expuso las llagas y el tono morado que se extendían desde los dedos hasta cerca del codo. Ampollas de quemaduras sobre la carne helada.

El vampiro tembló. Nunca se imaginó que ella conservara esa arma. Hasta donde había sido informado tanto el bastón como la daga fueron dejados en sitios apartados. La daga donde ella no podría entrar de nuevo. Y, ahora la veía ahí, empuñándola. Si tenía suerte y mucha habilidad podría entregar dos trofeos a su maestro. Se lamió los labios de anticipación cuando uno de sus colmillos cortó la delicada piel de un borde.

--- Ataste un fantasma. Usando su promesa y tu sangre antes de corromperte. No me importan tus motivos para caer. Los tendré cuando te derrote.

La luz plateada se extendió mostrando el cuarto. Una cama, una mesa con algunos libros y una lámpara de aceite a punto de vaciarse. Y frente a frente un pálido vampiro vestido con una ligera túnica, y una figura lupina erguida viéndolo directo a los ojos inyectados de sangre.

Mientras el vampiro meditaba una estrategia para eliminarla. Alyana recordó lo poco que pudo entender de los recuerdos de la mujer del retrato. El fantasma que tan malherida la dejó antes de poder apoderarse de su esencia con la daga durante su lucha entre los planos.

1 comentarios:

Velkar dijo...

Vaya, fantástico enfrentamiento dialéctico. Aunque el que se avecina creo que va a estar aún más emocionante.

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