Regreso a casa.

Thalder se encontró con una bestia entre los brazos. Alyana estaba transformada en una criatura de largos colmillos, garras y la daga sacudida entre los deformes dedos, amenazando a quien trataba desesperadamente de sacarla de esa cámara mortuoria antes de terminar como uno más de esos restos. Las carcajadas del dragón resonaron en su mente cuando en uno de los huesos lo hizo resbalar y casi perder a su prisionera, quien se debatía con toda su fuerza para safarse y volver al proceso de colectar los vestigios de la memoria y la voluntad de los muertos. Cada segundo era más en loquecedor al extenderse por el cuerpo del mago la maldición que el dragón había sellado en la caverna al llevar ahí a los sobrevivientes del reino. En cada esfuerzo por evitar que Alyana escapara o lo asesinara, Thalder cedía un poco más de su energía vital y fortalecía a su enemigo. El espacio de entrada era demasiado reducido y no estaba seguro, pero, le parecía que la cola del dragón se había movido durante su estancia, cerrando aún más el acceso. La loba le lanzaba dentelladas mientras un gutural gruñido se perdía en el eco de la cueva, las patas traseras ya habían rasgado parte del manto de Thalder y en un descuido la daga de Alyaa le produjo un dolorosísimo corte en el brazo. El relánmpago de dolor lo hizo aferrar con fuerza la firme melena de la loba, resisitendo el ardor de mil rayos recorriendo la carne.

--- No me queda alternativa --- Suspiró el mago mientras golpeaba la cabeza de Alyana contra una roca y se erguía con el desmayado cuerpo de la loba sujeto con un brazo. --- Solo conozco un lugar donde puedas estar a salvo.



Enfocando su mente y corazón. Thalder consiguió llevar a ambos hasta una sala llena de libros, con el piso de madera y la luz justa para que los presentes puedieran leer cómodamente, observar los cuadros y otros materiales expuestos en ese espacio. Una lenta melodía se paseaba por los rincones y las paredes acariciando los lomos de cada libro cerrado en los estantes con el cariño de los padres al entonar una canción de cuna y bailando con las hojas de los que quedaron solos en las mesas y las sillas mientras los lectores regresaban.

La mujer que en ese momento tocaba el violín a unos pasos de donde aparecieron se deslizó por ese suelo como la lluvia por el tronco de los árboles. La mirada de la mujer resplandeció con más fuerza al reconocer la figura canina depositada a los pies del mago. Y un chisporroteo vibró unos segundos entre ella y Thalder al chasquear las mujer las uñas, iniciando un encantamiento que quedó neutralizado al ver la herida en el brazo del mago. El asombro anuló toda intención de dañar al mago ¡Había sobrevivido al corte de la daga peleando con ella!

---Un dragón muerto la estaba hechizando y yo...---- Thalder notó la desesperación de la mujer y trataba de hacerse entender cuando el enano lo interrumbió al caer junto a él desde uno d elso libreros.

---¡El nombre del dragón! --- Exigió el enano mientras revisaba el cuerpo tendido de la loba.Le bastó ver la expresión de Thalder para que refunfuñara entre dientes algo sobre viajeros idiotas y se enfocara en las lesiones de Alyana. --- Ella no debe estar aquí. No sin poder entregar al menos las historias que debe...

Thalder se sintió reconfortado al poder tender a la mujer el cuaderno de notas del campesino, y la daga. Ella no quiso tocar el arma pero ojeó el cuaderno mientras una mueca muy cercana a una sonrisa se asomaba a sus labios. --- Alyana tiene historias. Yo no sabía que más hacer.
---Gracias...

---Thalder.

La mujer se presentó, pero su nombre se perdió pra Thalder en el dolor que la herida por la daga le producía. Al parecer la extraña detectó esa situación y mientras el enano curaba a la loba, ella se ocupó con unos extraños cánticos de esa lesión. La luz ya había enrojecido y la noche se insinueba en las ventanas cuando ella se separó de Thalder.

---Lo lamento pero el poder de la daga viene de mucho antes de la magia de mi pueblo. Solo conseguí evitar que siguiera robándote la vida. No se cuánto de tu memoria robó. Solo se que ya no avanzará más y que es in verdadero milagro que no cayeras en el sueño de la muerte o te perdieras en su hoja. Es difícil de explicar.

Thalder asintió. También en su mundo la magia guardaba demasiados secretos que sólo unos pocos apartados de la línea del tiempo podían recordar.

---Gracias por curarme. Realmente me siento débil.

--- Lo mejor será que regreses a tuu verdadero hogar. A donde perteneces.

---¿Alyana?

---Vivirá. Y algo me dice que no será la última vez que la veas.

---¿Y a tí?

---Yo soy alguien que solo puede estar aquí. Al menos esta yo, y espero que nunca encuentras las partes que aún no buscan redimirse.

---No te comprendo.

--- Solo piensa en esto como un sueño.

Thalder estaba por agregar algo más, pero la extraña comenzó otro cántico. Todas las sombras se extendieron y lo cobijaron. Hasta que despertó, en la casa de su maestro.

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