Alyana regresó de las memorias compartidas sabiendo que no podría seguir su camino en paz si el espíritu de Isabel no completaba su propósito. El problema para lograrlo era que su adversario ya no sentía más que el deseo de servir a quien lo convirtió en vampiro y eso lo hacía estar dispuesto a morir miserablemente (por segunda vez) antes que reconocer que su destino estaba sellado. Con un rugido fue Alyana quien saltó sobre su presa deseando poder romper la inercia del encuentro sin exponerse demasiado a las mordidas del no muerto. La infección no la mataría con la misma facilidad en ese mundo que en su tierra de origen pero el daño acumulado podría impedirle eliminar a su contrincante.El vampiro se deslizo a un lado sin mostrar sorpresa alguna. Se sabía en amplia ventaja en ese espacio tan cerrado y conocido por él. Desde su punto de vista era cuestión de tiempo para que la lobuna cometiera un error crítico y le diera la victoria.
Alyana de inmediato se puso a cuatro patas y con las garras delanteras trató de hacer el mayor daño posible lanzando un zarpazo a la parte interna de las piernas del vampiro mientras mordía poco más arriba del tobillo. Tal como se imaginaba, no había armadura ni protección física alguna contra sus garras y colmillos fuera de la gruesa capa de tela con la que el propio enemigo trataba de ocultar sus cambios, solo una daga le lastimo la encía y le produjo una molesta fricción pero era un dolor mucho más tolerable al que la daga le transmitió mientras el espíritu del cuadro se negaba a ser tomado por el poder de su arma. Esa desventaja ya la sabía su contrincante pero también que un solo corte le hará al vampiro más daño que la plata, al transmitirle parte del alma de su ancestro.
El antiguo caballero respondió con una patada al costado expuesto, no consiguió romperle el costillar pero sí desbalancearla y forzarla a rodar con la daga apretada contra su pecho. Las heridas provocadas por la que él ya veía como trofeo cicatrizaron velozmente al estar alimentado desde hacía solo una noche por varios prisioneros a los que uno se sus seguidores presentó frente a la orden como “fugados”. Sonriente al ver cómo Alyana parecía atacarlo de forma descuidada “te infectarás, entre más pruebes mi sangre, menos capaz de seguir peleando en mi contra vas a sentirte. Y si consigo una sola herida grave en ti. . . estarás acabada” pensó al sacar de la cabecera una espada corta.
La loba saboreó la mezcla de sangres cuando consiguió alejarse lo suficiente. La de su enemigo era mucho más densa de lo que esperaba. Nunca antes se había enfrentado con un vampiro joven en tan buena condición, y mucho menos sola. Aferró con más fuerza su cuchilla hasta que el dolor en la garra le despertó del creciente miedo. No podría detenerse. Si la maldición tomaba control de ella, todos los sacrificios de los licántropos y los humanos que confiaron en su promesa de eliminar al causante de la corrupción de la Orden en esa zona serían en vano. Peor aún, el vampiro tendría los recursos para salir y entregar la daga a quien lo convirtió además el dominio del actual portador. Observó el lugar de nuevo y notó que la poca decoración de cuarto constaba de suficientes cortinajes de tela corriente y muebles sencillos de madera. Cerca de los cuales había una lámpara de aceite con la base de vidrio cuya llama era pequeña pero fácil de alimentar. Si tenía suerte.
Avanzó lentamente dos pasos largos. Como su fuese un perro tratando de congraciarse con un desconocido.
Avanzó lentamente dos pasos largos. Como su fuese un perro tratando de congraciarse con un desconocido.
El vampiro había observado ya cómo el miedo se reflejaba en los ojos de la loba al lamerse las fauces, pero sabría que se necesitaría más flujo de la infección antes de que la voluntad de Alyana se doblegara. Inquieto de lo que ella podría estar tramando olvidó por completo quela penumbra que los rodeaba no era solo producto de la magia en poder de su enemiga. Necesitaba herirla para acelerar la oportunidad que en los momentos posteriores a su discusión había vislumbrado. Con un giro trató de herirle el cuello o el hombro con la espada pero ella consiguió cubrirse de ese ataque usando la daga como protección al girar la muñeca y reforzar la cuchilla con el antebrazo aprovechando para rodar sobre si misma y usar las patas traseras para rasgarle el pecho y desequilibrarlo ahora a él pero sin conseguir derribarlo como deseaba, solo pudo levantarse y tomar la lámpara. La arrojó a la cama y pudo ver cómo el fuego se extendía como la mancha húmeda del aceite en la tela.
Esa fue la oportunidad del vampiro pues al chocar con la pared pudo tomar impulso con su soporte y aferrarse al cuello de su rival. Los colmillos principales, semejantes a los de las serpientes solenoglifas crecieron para inyectar a profundidad el compuesto con que la maldición se extendía como una infección o veneno en el cuerpo de la víctima mientras el vampiro se alimentaba de la sangre fluyendo de la herida.
El fuego rugió al crecer ocultando el aullido de dolor de Alyana quien se sacudía saltando a cuatro patas en un esfuerzo de quitarse el bulto en su espalda y la fuerte presión de los colmillos en su cuello.
